viernes 10 de julio de 2009

Anoche soñé que iba a mi casa, por la avenida por la que comúnmente voy hacia allá. En el camino me encontraba con militares y policías, justo en el lugar donde mataron aquellos seis hombres y donde todavía se aprecia la sangre en la barda y una vela en el piso. Yo seguía avanzando cuando vi un auto de frente a mí, por mi carril. Me esquivó y logró escapar de la policía, al menos hasta esa parte de mi sueño. Mis hijos y yo llegábamos a casa y en mi cuarto nos encontrábamos muchos casquillos de armas recién utilizados.

También soñé con la casa de mi tía Raquel y la tranquilidad de las lomas y el desierto, el frío en invierno, los perros corriendo, el gato en el sillón...

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Me habló mi hermana para que leyera las noticias locales. Cuando regresaba del trabajo rumbo a su casa vio todo esto.
Dice que pude haber tenido una premonición (pero la bruja es ella). Yo pienso que es el efecto natural de vivir donde vivo.
Estoy siguiendo las noticias. Necesito los nombres de esas niñas. Temo que sean compañeritas de mis hijos y que ellos eventualmente se enteren de esta tragedia. Aún cuando no lo fueran, temo que se enteren.

* * * * *
Fefé me ha dicho que quiere irse a vivir a otro lado.
A mí no me gustaría sentirme extranjera.
De todos modos hace tiempo que ya no reconocemos el lugar donde hemos vivido.

miércoles 8 de julio de 2009

Pinches moscas

Me tienen hasta la madre.
¿Por qué no pueden parecerse un poco a las cucarachas? Al menos las cucas se esconden para que no las veas y sólo salen de noche. Y si te las llegas a encontrar cuando te levantas por un vaso de agua a medianoche, se quedan quietas y clarito puedes ver que están mortificadas.
¡Ah, pero las moscas...! Ellas no, ellas tienen que andar revoloteando todo el día como si fueran hermosos pajarillos o productivas abejitas. No se conforman con andar sobre la comida, también se posan sobre uno, en forma insistente y molesta.

Alguna vez Lucky fue un consumado cazador de moscas.
Claro, le tomó días consolidar sus habilidades. Al principio solía atrapar a las moscas entre sus dos patas delanteras y cuando las abría para asegurarse de que estaban ahí, las moscas escapaban. Después sus tácticas se volvieron más sutiles: las atrapaba entre sus patas y luego golpeaba a la mosca cautiva repetidamente con una de sus garras, hasta que el díptero no podía volar, entonces Lucky se la comía con toda tranquilidad.
Desde que compré el matamoscas eléctrico, Lucky se conforma con trepar hasta donde está y comerse las moscas rostizadas que encuentra alrededor. Si tiene suerte, incluso alguna palomilla encuentra. Sin embargo, el matamoscas eléctrico no se da abasto desde que mis hijos salieron de vacaciones, y se la viven entra que sale, sale que entre todo el día, y las moscas junto con ellos.
Será el clima, será el calor, la lluvia, mis vecinos... no sé, pero ya estoy hasta la chingada.

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He tratado de recordar la canción de Las moscas (la de Liliana Felipe, no la de Serrat que es demasiado benévola) nomás como terapia y luego me acuerdo que las moscas en esa canción no son más que una metáfora y francamente prefiero las moscas que lo que representan en esa canción.
Bienvenidas, moscas.
Entren bajo su propio riesgo.

lunes 6 de julio de 2009

William tuvo un altercado con uno de sus temperamentales actores el sábado. El actor se soltó llorando, y no porque el guión lo indicara. William lo grabó. Ante esto, el actor (Harry) se fue sobre el director cayéndose la cámara y el tripié en la trifulca. Por fortuna, la cámara (mi cámara) cayó en la cama, pero el tripié (que William había pedido prestado sin permiso de nosotros) tuvo una ligera avería que luego el papá del director tuvo que arreglar. Posiblemente más adelante haya que pagarlo porque no quedó muy bien.
Ayer Harry me preguntó qué era una mancha sobre uno de los sillones. Me acerqué y me encontré con un bolígrafo sin la tapadera. El material del sillón absorbió toda la tinta. Era el bolígrafo que William había estado utilizando para escribir el guión de su última película.
El papá no tuvo compasión ante estos dos hechos: "Olvídate de la cámara y de las películas" le dijo. William ha estado muy triste. Yo me he estado preguntando qué sentido tienen los castigos, si fue un castigo muy duro o no, si debimos sentarnos a pensarlo mejor.
Veo a William completamente absorto en sus películas, en la edición, en las pequeñas historias que cuenta y temo por los efectos de esta sanción.

Antier vi un episodio de Northern Exposure en el que Ruth Anne le cuenta a Ed sobre sus dos hijos: Rudy y Matthew. Rudy es un trailero que escribe poesía y Matthew, un inversionista bancario ("no sé qué hicimos mal" diría Ruth Anne en uno de los primeros episodios). La plática se centra sobre cómo Matthew de niño amaba la música y cómo la había dejado. Ed pregunta qué fue lo que pasó. Ruth Anne responde que siempre se arrepentirá de lo que hizo. Ed asume que Ruth Anne no lo apoyó y ella responde "Oh, no, Ed, ése fue el problema. Siempre lo apoyé, siempre tuvo todo lo necesario. Pero los artistas necesitan obstáculos y yo los quité de su camino."

Pensando en esto último me relajo y pienso que tal vez el castigo no fue tan malo, aunque como padre o madre, nunca estás seguro de estas cosas. Es el problema de este oficio.

viernes 3 de julio de 2009

Here comes the sun

Debo seguir el ejemplo de mis hijos:
A escuchar música (William me recomienda a los Beatles, mientras Harry me pasa sus archivos de rock ochentero), hacer películas absurdas, dibujar historias llenas de héroes, correr por la calle y sudar a chorros, brincar con un videojuego y no poderse mover después, reír con las caricaturas hasta las lágrimas, cantar en todos los idiomas...

Tengo que seguir la recomendación de Fefé:
Dejar de ver las noticias y ponerme a leer poesía.

¿Qué tal un poco de Renato Leduc?

miércoles 1 de julio de 2009

Tengo un problema

Sólo hay una persona en el mundo que coma a la misma velocidad que yo: mi comadre. La diferencia, apunta ella, es que yo no tengo lo que Fefé llama "el flotador" que me indique que ya estoy satisfecha, así que puedo seguir comiendo tranquilamente mientras me dejen. Siempre como acompañada, por cierto.
A raíz de la operación algo ha cambiado y me tiene muy preocupada. He perdido la apetencia (que no es lo mismo que apetito). Siento hambre pero no deseo de comer. No es porque la comida no sea invitante. El lunes hice un pollo marinado en leche de coco con jengibre y cubierto de glaseado de adobo. Olía riquísimo pero desgraciadamente el aroma no le dijo nada a mi cuerpo, ni a mi mente, ni a mi alma. Como porque me da hambre y satisfago el hambre pero no lo disfruto.
He estado pensando en razones para esto. Cume me dijo que podían ser las medicinas. Tal vez, pero tengo otra teoría: es la falta de sexo.
Hay una relación muy estrecha entre la comida y el sexo, nada más hay que pensar en todas las recetas afrodisíacas y toda la comida que sugiere intimidad, deseo y satisfacción.
Los orientales lo explican de una forma, los occidentales de otra, que si el ying y el yang, que si las hormonas, que si la cucaracha... claro, esta parte de mi reflexión sólo apunta al Como, luego sexo. Pero ¿no podrá existir esta ecuación a la inversa? Sexo, luego como. Y como la primera parte no la tengo, ergo la segunda tampoco.
Creo que he cerrado un poco algunos de mis sentidos, por autoconservación, especialmente el del olfato. Ya saben lo que pienso del olfato. Fefé se acuesta junto a mí por las noches y yo me volteo para no caer en la tentación de tocarlo y no-lo-permita-el-cielo, de olerlo.
Tal vez por eso el olfato tampoco me dice nada sobre la comida.
O tal vez sea lo que me dijo mi prima anoche: "¡¿Hasta cuándo vas a poder coger?! Eso no es vida. No me extraña que no tengas ganas de comer."
Puede ser.
Pero debo comer y ni modo, Como, luego sexo, aunque todavía falten unas semanas para ello.

* * * * *
A propósito de comida y otras delicias, estoy leyendo el Libro de Cocina de Tata Ogg, que bajé de esta página. Por desgracia no viene la receta de la Bananana porque fue censurada por los editores del libro, así como la parte de jardinería. Sin embargo tiene interesantes consejos a propósito de la etiqueta y cito:

La gente me dice, ¿qué es esto de la etiqueta? Y la respuesta es, es lo
que las personas tienen que usar si no tienen buenos modales.

Una de las partes que considero más importante sobre la etiqueta, es la parte de la prioridad a la hora de elegir invitados a una fiesta. Pero Tata Ogg lo hace muy fácil en su libro:

* Brujas (esto es automático, y las brujas se sientan donde desean).

* Alguien que ha traído una botella entera de whisky con un nombre que usted reconoce.

* Alguien que ha traído una botella entera de whisky con un nombre que usted reconoce, pero que, en un examen más detallado, está mal escrito (ésta es definitivamente una señal de que no debería derramar nada sobre la alfombra).

* Alguien que puede tocar un instrumento musical realmente bien cuando está borracho.

* Alguien que ha traído cualquier tipo de botella de bebidas (si es una botella usada con un corcho viejo enterrado a medio camino, sin embargo, tenga cuidado. Algunas de las mejores bebidas salen de los profundos bosques en botellas usadas. Olfatéelo. Si sus ojos lagrimean, usted tiene un nuevo amigo).

* Alguien que puede tocar un instrumento musical realmente bien mientras está sobrio.

* Alguien con cualquier chisme interesante. (Siempre digo: si usted no tiene nada bueno para decir sobre alguien, cuéntemelo)

* Alguien que puede hacer trucos interesantes, como hacer caras a través de un asiento de inodoro o tirarse pedos con melodías (las personas siemprerecuerdan mis fiestas, a menudo por años).

* Todos los demás.

¿Ve qué sensato es esto? Incluso si usted es un duque, a menos que traiga una botella o sepa todas las estrofas de la versión sucia de ‘¿Dónde Se Han Ido Todas Las Natillas?’, usted no es nadie en una de mis escalas. Estuve una vez en una fiesta refinada en Ankh-Morpork y había un hombre al que todos estaban haciendo inclinaciones y reverencias y, saben, ni siquiera cantó una sola canción cómica. Ni siquiera trajo una botella e incluso los trinos saben traer una botella. Algunas personas no tienen idea de cómo actuar, en mi opinión.

Y estoy totalmente de acuerdo con Tata.


martes 30 de junio de 2009

Me está entrando la desesperación y la impaciencia.
Ya son dos semanas y media desde la operación y aunque definitivamente he mejorado bastante, esta madre nomás no termina de doler.
Me urge una lista de cosas que puedo o no hacer.
Esta mañana me sentía bien, ocurrióseme entonces hacer un pendiente que traía y tráscale, llegué a mi casa a derrumbarme en la cama con dolores por todos lados.

Necesito un poco de sentido común. ¿Alguien me quiere compartir?

viernes 26 de junio de 2009

Tengo un recuerdo de hace muchos años. Veintitrés años. Estados Unidos mantenía una guerrita contra Libia y nosotros pasábamos unos días en Tucson, en casa de una tía.
Al final de la calle donde vivía mi tía había un pequeño cerro. Mi papá y yo alguna vez lo escalamos.
Alguien dijo que detrás de ese cerro había una base militar y debía ser verdad porque de ahí se veían salir en grupo aviones militares a una distancia pavorosamente cercana al suelo. Apenas los veía, corría a meterme aterrada a la casa, pero incluso ahí sentía miedo. El ruido de los aviones cruzando el cielo no me dejaba dormir.
No sé si por esta razón o cualquier otra, una noche nos mandaron a dormir a casa de mi prima Irene. Me sentí mucho mejor llegando allá. Nos preparamos a dormir en un tendido en la sala de su casa y después de cenar vimos televisión.
Las noticias no dejaban de mencionar a Kadafi, pero me sentía a salvo. Desafortunadamente no fue por mucho tiempo porque una noticia hizo que mi prima se levantara de un salto de su asiento.
-- ¡Yo lo conozco!-- dijo reconociendo a un militar que entrevistaban en el noticiero. Luego fue a su librero y sacó un anuario donde nos mostró la foto de Johnny o Frankie, o como se llamara. Habían sido compañeros en High School.
En un momento la guerra que creí que había dejado con los aviones, se metió a la casa donde yo estaba.
Días después regresamos a México.
Por primera vez me sentí feliz de que se terminaran las vacaciones.

* * * * *
Al menos tres veces cada semana el helicóptero de la policía nos sobrevuela.
También hay una guerra, aunque me es difícil reconocer a las partes envueltas en el conflicto.
Debería acostumbrarme al zumbido del aparato pero no es así. Ese ruido siempre me regresa a Tucson. Además constantemente pongo en duda las habilidades voladoras de los pilotos y eso me angustia más.
Esta tarde hubo un intento de asalto en un puesto de hamburguesas donde balearon en la pierna al encargado y un par de horas después, un asalto a mano armada muy cerca de ahí. Hubo una persecución muy intensa por el segundo asalto. Por el primero no, porque los clientes del negocio de hamburguesas le metieron una chinga al asaltante.
Durante una larguísima hora el helicóptero pasó sobre nuestra casa, echando su luz que se metía en nuestras ventanas. Pero eso debería ser el menor de nuestros miedos.
La impunidad se mete a nuestras casas con la misma facilidad que lo hace la luz y el hecho de que esa luz venga de un helicóptero de la policía, no me deja más tranquila.